Una mañana de alto rendimiento y unión del equipo nacional en el «Chelato» Uclés

Tegucigalpa, 4 de junio de 2025 – En una jornada cargada de intensidad, compromiso y concentración absoluta, la Selección Nacional de Honduras cumplió con una mañana de trabajo profundamente provechosa sobre el césped del Estadio Nacional Chelato Uclés, bajo las órdenes del seleccionador Reinaldo Rueda y su cuerpo técnico.

Desde muy temprano, la puntualidad fue la primera muestra de profesionalismo. Uno a uno, los jugadores fueron apareciendo por la escalinata que da acceso al engramillado principal. A pie de campo, el preparador físico Juan Carlos Quintero les recibió con cordialidad, en un ambiente de camaradería que marca el tono de esta etapa de preparación.

Con sus bastones Rollop en mano, la mayoría de los futbolistas iniciaron el trabajo de activación inicial, ejecutando movimientos suaves para el estímulo muscular previo a la carga. Acto seguido, se desplazaron hacia la zona este del campo, donde se organizaron en dos rondos paralelos, perfectos para activar la toma de decisiones en espacios reducidos y el ritmo de pase, sumado a la alegria que significa estos rondos.

Mientras tanto, Luis Palma y Edwin Rodríguez optaron por realizar ejercicios diferenciados bajo la supervisión del fisioterapeuta Marcio Rivera, buscando una puesta a punto individualizada sin perder ritmo con el resto del plantel antes de ser parte de la carga del día.

Con el paso de los minutos se incorporaron otros elementos claves del combinado nacional. Luis Palma y Anthony «Choco» Lozano se acercan al marco norte y comienzan a combinar pases de precisión junto al Profesor Pablo Román, integrante del staff técnico, afinando detalles específicos según el plan personalizado que les ha diseñado el cuerpo técnico.

Unión y oración: el sello Rueda

A las 9:15 a.m. en punto, el inconfundible silbato del profesor Reinaldo Rueda marcó el llamado a formar el tradicional círculo de unidad. Todos los jugadores se reunieron en el centro del campo para elevar una oración, uno de los rituales más significativos del equipo, que fortalece el espíritu colectivo antes de cada jornada.

Con una temperatura de 26 grados y cielo nublado, las condiciones climáticas acompañaron favorablemente el desarrollo de la sesión. Una vez disuelto el círculo, el profesor Quintero ordenó un trote redoblado alrededor del campo, encabezando él mismo la fila, en una muestra más del liderazgo activo que impregna su labor.

La entrada en calor fue dinámica, precisa y alegre. Se combinó el trote con ejercicios de movilidad articular, estiramientos y una activación específica que incluyó flexiones con elevación de rodillas, saltos sobre vallas y desplazamientos laterales.

Trabajo especializado y enfoque táctico

En el sector sur del campo, el entrenador de porteros, Néstor Lotártaro, desarrollaba un trabajo técnico especializado con los arqueros Edrick Menjívar, Marlon Licona y Luis «Buba» López. Con la ayuda de un marco móvil, ejecutaron secuencias de desplazamiento, achique y reacción, perfeccionando la lectura de situaciones dentro del área.

Fotografía FFH

Al mismo tiempo, en la mitad del campo, se delimitó un espacio de cuatro cuadros para ejercicios de posesión en espacio reducido, donde la intensidad y precisión fueron claves. La concentración fue notoria y el cuerpo técnico no escatimó en correcciones, exigiendo la máxima atención en cada pase, en cada movimiento.

Erwin Fonseca, miembro del equipo logístico, retiró con diligencia las vallas de obstáculos tras la finalización de la parte física, dejando el terreno preparado para la fase táctica.

Fotografía FFH

A las 9:40 a.m., el grupo fue nuevamente convocado al círculo central. Allí, el profesor Rueda hizo un repaso detallado de los conceptos tácticos que se implementarían en el bloque final del entrenamiento, reforzando patrones de juego, transiciones y posicionamiento, todo ello con un enfoque colectivo, donde cada pieza entiende su rol dentro del engranaje.

La mañana dejó más que sudor sobre el césped. Dejó señales claras de un grupo comprometido, disciplinado y con hambre de crecer. La sinergia entre jugadores, cuerpo técnico y personal de apoyo fue evidente. La concentración fue total, el trabajo intenso y el ambiente, inmejorable.

Honduras sigue afinando su maquinaria con vistas a los próximos compromisos internacionales. Y si algo dejó claro esta jornada, es que el trabajo silencioso, metódico y en unidad, sigue siendo el mejor aliado del éxito

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